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Religión y espiritualidad en la Antigua Roma

VER SACRVM. LA PRIMAVERA SAGRADA

12/10/2017.Iñaki Sánchez.0 Likes.0 Comments

Como no podía ser de otro modo, el primer artículo de esta nueva etapa está dedicado a la uer sacrum, (la primavera sagrada), un antiguo ritual que tuvo una gran relevancia en el mundo de la Roma Arcaica. Como vamos a ver, bajo esta evocadora denominación subyace una realidad mucho más prosaica. ¿En qué consistían estas primaveras sagradas? Por lo que sabemos se trataba de la expulsión de la comunidad de un determinado grupo de jóvenes —generalmente nacidos en un mismo año— que abandonaban su hogar para conquistar nuevas tierras y fundar su nuevo asentamiento. Estas escisiones grupales se enmarcaban dentro de un contexto religioso y ritual: los jóvenes nacidos en el mismo año se consagraban a Marte (o a otros dioses1Júpiter o Apolo, por ejemplo.), y bajo sus auspicios marchaban para crear un nuevo núcleo poblacional.

Detalle del Marte de Coustou (Museo del Louvre, París)

Nos consta que era esta una tradición muy antigua. Parece ser que se remonta a los tiempos en los que la península itálica estaba habitada por diversos pueblos, entre los que encontramos además de los romanos, a otros como los samnitas o a los sabinos. Estas comunidades trataban de expandirse y garantizarse las mejores tierras, por lo que eran comunes las fricciones entre las distintas tribus guerreras. También se sucedían migraciones con bastante frecuencia. Estas dos cuestiones son muy importantes en la mayoría de las explicaciones que se han dado del fenómeno. Sirva la definición que nos aportan Montero y Martínez-Pinna para hacernos una primera idea de lo que significaba la uer sacrum. Para estos estudiosos se trata de «un mecanismo migratorio en el que, bajo un colorido fuertemente religioso, se esconde la respuesta de estas gentes al grave problema de la superpoblación»2Martínez-Pinna y Montero, 1994, 130..

Son varios los autores clásicos que nos han dejado sus versiones de estos rituales: conservamos textos tanto de griegos como de romanos en los que se describen estas primaveras sagradas. Entre ellos, encontramos a Estrabón (Strab. Geog. V, 4, 12.3 Respecto a los samnitas existe también una tradición semejante, según la cual, los sabinos, que estaban en guerra con los umbros desde hacía tiempo, hicieron votos, como algunos griegos, de consagrar a la divinidad la producción de todo el año, y, una vez consiguieron la victoria, una parte la ofrecieron en sacrificio y, la otra la consagraron. Mas, como se produjo una falta de frutos, se dijo que se debía consagrar también a los hijos. Éstos, en cumplimiento de este mandato, a los niños que nacieron entonces los entregaron como ofrenda a Ares y, cuando alcanzaron la edad adulta los enviaron a una colonia, guiados por un toro. Ya en el país de los opicos (que, por entonces, vivían en peque­ñas aldeas), después de que el toro se durmió, tras haber expulsado a aquéllos, se establecieron allí mismo y, siguiendo la sentencia del oráculo, degollaron al toro como ofrenda para Ares que se lo había entregado como guía.), Dionisio de Halicarnaso (Dion. Hal. Ant. Rom. I, 16, 4.4 Siguiendo esta costumbre, también entonces algunos de los aborígenes, como sus regiones habían crecido mucho en población (puesto que no se resignaban a matar a ninguno de sus hijos, considerándolo como el mayor de los crímenes), .consagraron a alguna divinidad la prole de un año y cuando se hicieron hombres, los enviaron fuera de su ciudad como colonos; éstos, una vez que abandonaron su país, se dedicaron a robar y a saquear a los sículos.) o Tito Livio (V, 34, 3-4.5El rey, de avanzada edad él, deseando descargar su reino de la turba que lo sobrecargaba, manifestó que iba a enviar a Beloveso y Segoveso, hijos de su hermana, jóvenes emprendedores, a asentarse a los lugares que los dioses señalasen con sus augurios; que se llevasen el número de hombres que quisieran, para que ningún pueblo pudiese rechazarlos a su llegada). Señala Caro Roldán citando a Varrón (Varro. Rust. 3, 16, 29.) que «al poblarse excesivamente una colmena las abejas de la generación anterior procuran enviar a las más nuevas a formar otra colonia, como tuvieron que hacer frecuentemente los sabinos por mor de la muchedumbre de sus hijos»6Caro Roldán, 2000, p. 159.. Como veremos en las próximas líneas, esta apreciación del autor de De Re Rustica es harto pertinente.

Grabado en el que se representa a Dionisio de Halicarnaso, uno de los autores clásicos que nos hablan de la uer sacrum.

El origen de la uer sacrum es un tema controvertido y son varios los enfoques que se han propuesto. Existen planteamientos en los que se enfatiza el carácter coyuntural de las motivaciones —como hambrunas o epidemias— mientras que otros tratan de explicar el fenómeno aduciendo evidencias que parecen de signo estructural, como el desequilibrio ecológico entre población y recursos. La expansión territorial y los aspectos militares, también forman parte del trasfondo del ritual. Por tanto, parece que es la convergencia de varios factores la que motiva las primaveras sagradas. El elemento religioso ejerce la función catalizadora y reviste de legitimación y sacralidad a las mismas. Se observa, por tanto, que además de una vertiente pragmática y funcional, la faceta psicológica y religiosa es básica: se pueden calificar a estas prácticas de escisiones poblacionales ritualizadas.

Desde una óptica ideológica, se observa que han de darse determinadas condiciones para que sean admisibles estas prácticas y se puedan suceder. Es lógico pensar que no podía existir un arraigo particularmente intenso entre estas gentes y el territorio que ocupaban. Pesaba más la voluntad —o necesidad— de expandirse que el apego a la tierra de sus padres. La exaltación del espíritu guerrero y aventurero a través de las cofradías militares fue otro de los incentivos que motivaron la consolidación de mecanismos expansivos como la uer sacrum. Y no olvidemos la componente religiosa, cuya relevancia ya se ha apuntado. Los jóvenes pioneros se hallaban bajo los auspicios de Marte, quien los guiaba en su viaje y su conquista7Heurgon, 1957, 5-6.. Completando la definición, diremos que la uer sacrum es la sublimación religiosa de una cruda realidad: la escasez o pobreza de las tierras en las que habitaban estas gentes les obligaba a desprenderse de una parte de sus miembros más jóvenes con el fin de garantizar la subsistencia para el resto.

Mapa de la Península Itálica hacia el siglo V a.n.e.

La uer sacrum, además de un vertiente pragmática y funcional, tiene también una faceta psicológica y religiosa importante. Podríamos calificar estas prácticas de escisiones poblacionales ritualizadas. Desde una óptica ideológica, es lógico pensar que no podía existir un arraigo particularmente intenso entre estas gentes y el territorio que ocupaban. Pesaba más la voluntad —o necesidad— de expandirse que el apego a la tierra de sus padres. La exaltación del espíritu guerrero y aventurero a través de las cofradía militares fue otro de los incentivos que motivaron la consolidación de mecanismos expansivos como la uer sacrum.  La componente religiosa ha de ser también tomada en consideración: los jóvenes pioneros se hallaban bajo los auspicios de Marte, quien los guiaba en su viaje y su conquista8Heurgon, Jacques (1957). Trois Etudes sur le” Ver sacrum”. Latomus, revue d’études latines, 51 S. 8° (26), 5-6. Concluiremos, por tanto, que la uer sacrum es la sublimación religiosa de una cruda realidad: la escasez o pobreza de las tierras en las que habitaban estas gentes les obligaba a desprenderse de una parte de sus miembros más jóvenes con el fin de garantizar la subsistencia para el resto.

Se puedes establecer paralelismos entre la uer sacrum y otros actos o rituales de devotio, forma de voto en la que «se entrega a los dioses personas o cosas determinadas sin que el autor del ofrecimiento se encargue en persona de cumplir en persona la consagración de lo prometido»[mnf]Barrio de la Fuente, 1993, p. 53.[/mnf]. Los niños ofrecidos no han elegido ser consagrados, sino que la comunidad lo ha hecho por ellos. Una lectura posible en este sentido es la de tener a estas expulsiones como purificadoras. Si bien no puede identificarse a la generación de niños elegida para ser consagrada como “el mal” del que hay que alejarse o al que hay que expulsar, sí que es cierto que el hecho de que esos niños una vez alcancen la edad adulta se marchen, va a ayudar a la comunidad, y además va a propiciar la expansión.  Autores como  Tagliamonte proponen que la expulsión representaba una sustitución del antiguo sacrificio cruento9Tagliamonte, 1996, pp. 17-21..

Entre los pueblos que nos consta celebraban estas escisiones poblacionales se pueden observar algunas semejanzas. De raigambre indoeuropeo, vivían mayoritariamente en zonas montañosas cuyas tierras era poco productivas. No contaban con una cultura urbana desarrollada y se veían continuamente envueltos en conflictos los unos con los otros. Fue este el contexto en el que las primaveras sagradas se consolidaron como vertebración ideológica y funcional de todas estas corrientes de inmigración y posterior consolidación poblacional en zonas menos agrestes, alrededor del siglo V10Tagliamonte, 1996, pp. 287-288.. Simultáneamente, y a través de la progresiva sustitución étnica y lingüística, se sentaron las bases de un nuevo marco cultural, en el que se encuadrarían los orígenes de Roma.

Sabemos de la existencia de otros rituales semejantes dentro de la esfera indoeuropea. Varios autores han señalado esta cuestión11Por ejemplo, vid. Barroso Cabrera y Morín de Pablos, 2014, p. 33.. Así, comprobamos que entre los hititas, los germánicos, los celtas o los bálticos, se observan prácticas semejantes. Dentro incluso del propio mundo romano, encontramos festivales como las Lupercalia, en la que no es complicado ver algunas similitudes con la uer sacrum: los sodales luperci eran jóvenes varones que, como lobos, durante como iniciación a la vida adulta tenían que sobre vivir merodeando como lobos durante algún tiempo en el bosque. Si bien, sí que se pueden observar posibles reminiscencias de la uer sacrum en este festival, la parte funcional del mismo ha desaparecido, no siendo más que un reflejo ceremonial de un antiguo ritual con un background mucho más práctico.

Estudio para Lupercalia de Annibale Carracci.

Otra cuestión interesante, casi enmarcable dentro del ámbito de lo político, es la que se refiere al pacto con los dioses que firma el Estado a través de algunas de las más famosas primaveras sagradas. Confluyen en estos votos lo político, lo militar y lo sagrado. La del 217 a.n.e. es un caso paradigmático, en el que ante un grave peligro para Roma, se llegó a un compromiso con los dioses: si ellos ayudaban a conjurar la amenaza de los cartagineses, la ciudad les ofrecería en sacrificio a Júpiter todo el ganado que trajese la primavera. Llama la atención que es al primero de los dioses al que se consagra el sacrificio y también que se excluyen los niños en el mismo. Apunta Huergon el extraordinario detalle con el que se contempla y se regula la ejecución de los sacrificios 12Huergon, 1957, p. 40. en el relato de Tito Livio (Liv. XXII, 10, 1-7.13 «Promulgados estos decretos del Senado, el pontífice máximo Lucio Cornelio Léntulo, ante una consulta del pretor al colegio, dictamina que antes de nada hay que consultar al pueblo acerca de la primavera sagrada: sin un mandato del pueblo no se puede hacer esa promesa con voto. Se le pidió al pueblo que se pronunciase en estos términos: “¿Queréis y mandáis que se haga así lo que sigue? Si la república del pueblo romano de los Quirites, durante el quinquenio próximo, según yo deseo y por lo que hago votos, sale sana y salva de las guerras siguientes: la guerra que hay entre el pueblo romano y el cartaginés, y las guerras en que está con los galos de este lado de los Alpes, que entonces el pueblo romano de los Quirites done en ofrenda todo lo que en primavera nazca de los rebaños de cerdos, ovejas, cabras y bueyes, y que no haya sido consagrado, y sea inmolado a Júpiter, a partir del día que el Senado y el pueblo romano dispongan. El que lo haga, hágalo cuando quiera y con el rito que quiera; de cualquier modo que lo hiciere, bien hecho esté. Si muere lo que tenía que ser inmolado, pierda el carácter de sagrado y no haya sacrificio. Si alguien lo daña o mata inadvertidamente, no se considere falta. Si alguien lo robare, no se considere delito ni del pueblo ni del propietario. Si lo inmolare en día nefasto sin saberlo, bien inmolado esté. Si lo inmolare de noche o de día, un esclavo o un hombre libre, bien inmolado esté. Si inmolare antes de que el senado y el pueblo dispongan que se haga, quede el pueblo libre y exento de responsabilidad por ello”»). Como sabemos, no sería la última vez que se solicitara el auxilio de los dioses para combatir a los enemigos norteafricanos. La Kybele de Pesinunte tuvo que venir en auxilio de los romanos desde su Frigia natal para auxiliar a la República ante los avances de los cartagineses.

No se puede finalizar esta breve exposición sin hacer explícita referencia a Trois études sur le Ver Sacrum, el estudio de  Huergon que a día de hoy, posiblemente siga siendo el trabajo más completo sobre el tema que nos ocupa. Desde su planteamiento serio y analítico —Caro Roldán lo define como una «interpretación lógica intachable, rayana en lo escéptico y sin afanes de aproximación antropológica»14Caro Roldán,  2000, p. 164.— aporta algunas ideas de enorme interés y ofrece un planteamiento serio y clarificador. Se comenta el proceso de transformación del dios Marte al que se consagraba, en origen un dios ganadero y protector del campo, que por influencia griega y también gracias a la propia evolución de estas sociedades que lo adoraban, acabó por convertirse en señor de la guerra. Otro punto particularmente interesante, es en el que se incide en la delimitación y la identificación de la uer sacrum, entre las diversas referencias y versiones de estos rituales de las que tenemos conocimiento.

Además de Huergon, son varios los académicos que han contribuido con sus aportaciones al estudio de la primavera sagrada. Entre otros se han de citar a Eisenhut (1955);  Martin (1973); Aignier-Foresti (1995), el citado Caro Roldán (1998, 2000) o  Cazanove (2000).

Los ecos de la primavera sagrada, lejos de ser soterrados por el peso de los siglos, viajaron a través del tiempo. Aquel espíritu emancipador y de renovación fondeó en la efervescente Viena de finales del siglo XIX, invocado a través de un poema de Ludwig Uhland. Un grupo de jóvenes artistas que se rebelaban contra el academicismo imperante, tomaron el nombre de aquel pretérito ritual para dar nombre a una revista que sería el canal de comunicación y difusión oficial de la Secession. No dentro de mucho, hablaremos sobre ella.

Edificio de la Secession (Viena)

Bibliografía

Aigner-Foresti, L. (1995). La tradizione antica sul ver sacrum. En Sordi, M. (Ed.) Coercizione e mobilità umana nel mondo antico. (141-147). Milán, Italia: Università del Sacro Cuore.

Barrio de la Fuente, Carmen (1993). Sacer esto y la pena de muerte en la Ley de las XII Tablas. Estudios Humanísticos. Filología, (15), 43-56.

Barroso Cabrera, R. y Morín de Pablos, J. (2014). Lupercos,  hirpi sorani y otros lobos. El rito del paso del fuego de la fiesta de San Juan en San Pedro Manrique (Soria). Polis. Revista de ideas y formas políticas de la Antigüedad Clásica 26, 7-50.

Caro Roldán, J. M. (1998). Uer sacrum pecuariorum. Dialogues d’histoire ancienne, 24 (1), 53-74.

— (2000). Una aproximación a la naturaleza del uer sacrum. Gerión, 18, 159-190.

Cazanove, O. (2000). Sacrifier les bêtes, consacrer les hommes. Le printemps sacré italique. En Verger, S. (Ed.) Rites et espaces en pays celte et méditerranéen: étude comparée à partir du sanctuaire d’Acy-Romance (Ardennes, France), Roma, Italia: Collection de l’École française de Rome (nº 276).

Dumézil, G. (1966) La religion romaine archaïque, París, Fancia: Payot.

Eisenhut, W. (1955). Ver sacrum. RE, 2, 911-923.

Huergon, J. (1957). Trois Etudes sur le “Ver sacrum”.-Bruxelles 1957. 51 S. 8° (Vol. 26). Latomus, revue d’études latines.

Marco Simón, F. (2000). ‘Velut ver sacrum’. La iuventus céltica y la mística del centro. María del Mar Myro Martín et al, 349-362.

Martin, P. M. (1973). Contribution de Denys d’Halicarnasse à la connaissance du” uer sacrum”. Latomus, 32 (Fasc. 1), 23-38.

Martínez-Pinna, J. y Montero, S. (1994) La religión de los pueblos itálicos. En Blázquez, J. M. (Ed.) Historia de las religiones de la Europa antigua (103-150). Madrid, España: Cátedra.

Tagliamonte, G. (1996) I sanniti. Caudini, irpini, pentri, carricini, frentani. Milan, Italia: Longanesi.

Brandstätter, C. (2003). Wiener Werkstätte, design in Vienna 1903-1932: Architecture, furniture, commercial art… Harry N Abrams Inc.

Imágenes

Mädchenkopf. By Koloman Moser. Fuente.

Louvre Coustou Mars 1. By Selbymay. Fuente.

Incisione raffigurante Dionigi di Alicarnasso ricavata dal Codice AmbrosianoFuente.

Los pueblos prerromanos de Italia hacia el siglo V a.n.e. Fuente.

Study for Lupercalia (early version) for the fresco on the chimney in the salon of the Palazzo Magnani, Bologna. Fuente.

Secession Vienna June 2006. By Gryffindor. Fuente.

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