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Religión y espiritualidad en la Antigua Roma

LA RELIGIÓN EN LA SIRIA ROMANA

09/01/2018.Iñaki Sánchez.0 Likes.0 Comments

El territorio que actualmente conocemos como Siria fue una región particularmente dinámica desde tiempos prehistóricos. En torno al 10000 a.n.e. fue uno de los principales centros de la revolución neolítica y se apunta que pudo ser uno de los primeros lugares en los que se desarrolló la agricultura y la ganadería. Se sucedieron varias culturas pre-cerámicas como la PPNA y la PPNB, de la que destacaron sus casas rectangulares, como las de Mureybet. Con posterioridad aparecieron algunas ciudades que a la luz de las evidencias arqueológicas parece que fueron relevantes en su entorno. Estos núcleos gozaban de una cierta administración y desarrollaron actividades de carácter comercial con otros centros urbanos lejanos. Hamoukar y Emar fueron dos de estos asentamientos1 Sobre el Neolítico en Oriente Próximo, Anatolia y el Creciente Fértil, vid. Cauvin, 2000.. A mediados del cuarto milenio antes de nuestra era emergió Ebla, uno de los primeros reinos que se consolidaron en la zona. Entre sus ruinas se encontró un archivo de tablillas escritas escritas con caracteres cuneiformes que han aportado una enorme cantidad de información sobre la administración, la religión o los reyes de la ciudad.

Ruinas de la ciudad de Ebla

Fueron apareciendo otras entidades administrativas en la zona a lo largo de los siglos y establecieron relaciones de diversa índole con los grandes poderes que se fueron sucediendo como hegemónicos: sumerios, acadios, asirios, hititas o egipcios. Ya en el siglo IV a.n.e., Alejandro Magno incorporó Siria al gran y efímero Imperio Helenístico. Cuando este fue dividido entre sus diádocos, quedó dentro de las fronteras seléucidas. La cultura griega ejerció una poderosa influencia sobre todos los territorios y se erigió en un eficiente agente aglutinador. Si observamos el ámbito religioso nos daremos cuenta de que muchos de los dioses de la Hélade fueron asimilados a los panteones sirios. A través de esta interpretatio graeca —en la que lo semítico y lo griego confluyeron normalmente con gran naturalidad— se adaptaron y también a conservaron muchas las antiquísimas tradiciones próximo-orientales con las que se encontrarían posteriormente los romanos. No es el objeto de este breve repaso a la historia siria el de profundizar en la misma sino tan solo el de esbozarla. Únicamente quería hacer alusión al hecho de que fueron muchos los pueblos y las civilizaciones que se desarrollaron en estos territorios. La impronta que dejaron dio lugar a un complejo collage cultural, permítaseme la expresión, como veremos a continuación.

Imperio Seléucida (Siglos II-I a.n.e.)

Podemos comenzar llamando la atención sobre un punto que fue advertido por Sartre: el territorio sirio, ya desde tiempos de Augusto, constituía una constelación de micro-estados2Sartre, 1991, p. 19.. Muchos de estos poderes contaban con su propio panteón y aunque sí que existían dioses que se podían encontrar en varios de ellos, también nos encontramos con otros con un carácter esencialmente local. Los panteones, en término generales, coexistían sin superponerse, pero no es complicado establecer relaciones de dependencia entre unos y otros. Lo griego y lo semítico, aderezado por otras influencias, se integraban en mayor o menor medida, dando lugar a una gran diversidad. Se ha intentado sistematizar y clasificar esta gran diversidad religiosa. Dirven, por ejemplo, habla de tres grupos de cultos, a saber, griegos, romanos y semíticos3Dirven, 2003, pp. 5798-5800.. Sartre también propone un división tripartita —priorizando el elemento semítico— cuyas categorías serían arameos, fenicios y árabes4Sartre, 1991, p. 420.. Tal vez resulten estas compartimentaciones excesivamente rígidas, ya que ni los descubrimientos arqueológicos ni las referencias textuales, sugieren que puedan clasificarse los panteones atendiendo a esquemas ni sencillos ni monolíticos. La amalgama de elementos e influencias en la esfera religiosa siria presenta un gran nivel de cohesión, por lo que se requieren, con toda probabilidad, análisis más complejos que categorizaciones basadas en un único criterio, sea este el étnico o cualquier otro.

Se ha trabajado también con clasificaciones basadas en una perspectiva geográfica, en las que se toma como referencia la zona donde se adoraba a determinadas deidades. Así, sabemos que en las ciudades fenicias solía haber una tríada preeminente entre los dioses: con un dios padre, una diosa-madre y su hijo, quien solía desempeñar un papel protagonista dentro del relato mítico, aunque este modelo admitía variaciones5Vid. Sartre, 1991, p. 490, para observar algunas variaciones. Otro modelo lo encontramos entre los arameos que ubicaban en lo más alto de su panteón a los denominados Baal´im (señores), relacionados con el cielo, la lluvia y el trueno, como por ejemplo Baalshamin o Hadad. En ocasiones no es fácil diferenciar a estos dioses dada su similitud. Gracias a los epítetos que griegos y romanos les añadieron se facilita la labor de identificación6Sartre, 1991, p. 491.. En un sentido contrario, las asimilaciones de determinadas deidades —por lo general, dioses masculinos, de carácter uránico y relacionados con la tormenta— a Zeus/Júpiter, complicaba el rastreo de su origen y evolución. Encontramos así a Zeus Kasios o Zeus Keuronios y también a Júpiter Doliqueno y Júpiter Damasqueno. Estos baal´im a veces se vinculaban con la diosa Atargatis, que solía ser presentada como su consorte.

Didracma en el que se representa a Atargatis procedente de Bambyke, Cyrrhestica. (Seyrig, Hieropolis pl. 1, 2; Price, More 14-15)

En el ámbito árabe, los dioses parecen estar particularmente ligados a ciudades y áreas geográficas concretas de un modo más claro que en las zonas costeras de la región siria. Petra, la capital de los nabateos, contaba con su tríada exclusiva compuesta por Dousares, su dios dinástico, la guerrera Allath y la diosa celeste Al-Uzza; pero no eran estos los únicos dioses de los que sabemos: Monimos, Ruda o Azizos eran otras de las deidades que estas gentes adoraban. A través de la arqueología y la epigrafía podemos comprobar como el sincretismo con los dioses griegos primero y romanos después, se promovió desde las clases privilegiadas nabateas que asimilaron muchos de sus dioses a los grecolatinos. Estos fenómenos se dieron particularmente entre diosas. Así, Manat o Al Uzza se convirtieron en Tyché/Nemesis, Venus o Atenea.

Vista del Tesoro desde el Siq en Petra

Otro panteón en el que nos hemos de detener es de la ciudad de Palmira. Posiblemente sea el más complejo de la zona. Se han identificado dioses indígenas (Aglibol, Iargibol), arameos (Baalshamin), árabes (Allath, Azizos), o de origen mesopotámico (Hadad, Arsu)7Vid. Seyrig, 1970.. La ubicación de Palmira explica esta diversidad. Esta ciudad fue durante largo tiempo un enclave caravanero de primer orden y por ella pasaban los hombres y las mercancías, pero también las ideas y las diversas corrientes filosóficas y religiosas. Además, como otros tantos territorios de Próximo Oriente, a lo largo de los siglos se encontró bajo el dominio de los diversos imperios y poderes que se sucedieron, como los ya mencionados acadios, babilonios o asirios. Otra muestra característica de las continuidades que se manifestaban en cuanto a lo religioso en esta zona la tenemos en la pervivencia del dios Šamaš, adorado en diversos lugares y diversas épocas y que en periodo romano era representado en monedas y contaba con importantes centro de culto, como el de Hatra.

Vista panorámica de las ruinas de Palmira

El grado de sincretismo que alcanzaron  sus dioses al entrar en contacto con la cultura griega y romana también es otra cuestión relevancia dentro del ámbito religiosos sirio. Nos consta que bajo los lágidas y los seléucidas muchos de ellos se identificaron con dioses de la Hélade. Encontramos, como ya se ha comentado, varios asimilados a Zeus, pero también a otras deidades como Heracles o Atenea. Se da también el caso de que dicha asimilación no se produce y se respeta totalmente o casi totalmente la naturaleza originaria del dios. El Gabal, dios de Emesa,  es un caso claro: en Roma se le adoró bajo la forma de un betilo negro, sin antropomorfizarse en absoluto, y respetando su carácter originario8 Ya hablaremos de El Gabal en profundidad, pues sin duda merece una entrada completa. Entre tanto, vid. Sánchez, 2017, passsim.. Otros baal´im sirios que fueron incorporados a la religión romana mantuvieron su esencia inmutable. Se debe insistir en la importancia de los epítetos para diferenciar a estas deidades. De acuerdo a Butcher, a través de ellos, se puede establecer «una sagrada geografía de la individualidad indígena» (Butcher, 2003, p. 336.)[/mfn].

Bronce del usurpador Uranio Antonino en la que se representa a El Gabal procedente de Emesa. (BMC Galatia etc. pg. 241, 24; Delbrück, "Uranius of Emesa," NumChron (1948), pg. 12, 2d; Baldus 38-42 (pl. IV, dies I/5).

Observemos a continuación el modo en el que los dioses sirios se difundieron por el Imperio. Algunos de ellos encontraron una gran aceptación e incluso fueron promocionados desde el poder. Gracias a la influencia de reyes locales o incluso emperadores, llegaron a rebasar las fronteras de Oriente y cruzar el Mediterráneo hasta la Vrbs, e incluso más allá. El Gabal de Heliogábalo y el Deus Sol Invictus de Aureliano son dos dioses de origen sirio que alcanzaron la cúspide del panteón romano. Otras deidades sirias con un gran éxito y cuya difusión fue más temprana y posiblemente menos dirigista, fueron Adonis y Atargatis. El primero estaba relacionado con los ciclos vegetativos y de muerte y resurrección, y podemos rastrear su origen hasta la lejana Sumeria, donde se le conocía como DumuziDea Syria, que era el nombre romano de Atargatis, era una diosa de naturaleza muy compleja que al parecer en un principio contó con un carácter agrícola, pero que se vio sujeta a gran cantidad de procesos de sincretismo y asimilación, y fue adquiriendo atribuciones de lo más diversas, hasta llegar a periodo romano siendo como una suerte de diosa-madre de los sirios9Rostovtzeff la denominaba “the great mistress of the North Syrian lands” (Vid. Rostovtzeff, 1933)., equiparable a la Rhea romana o a Kybele/Magna Mater.

Casamiento de Innana y Dumuzi

Los comerciantes fenicios que cruzaban el Mare Nostrum también fueron agentes de difusión de primer orden. Así arribó Júpiter Heliopolitano hasta Nápoles10ILS  300 o el Baalmacord de Berytos llegó a asimilarse nada menos que al dios supremo romano, llegando a ser denominado Iuppiter Maximus Optimus Baalmacord11CIL III 155 y 158. Estos hechos nos dan una idea del éxito que alcanzaron sus cultos que llegaron a “internacionalizarse”. Si los mercaderes fenicios fueron importantes agentes de difusión, los soldados no se les quedaron a la zaga. Ya se ha hablado de Júpiter Doliqueno un dios que encontraba gran aceptación entre los legionarios y gracias a ellos se extendió su culto por muchos lugares del Imperio12Se han encontrado dedicatorias en lugares tan lejanos como el Muro de Adriano, por citar un ejemplo.. La incorporaciones de territorios en ocasiones se acompañaron de la incorporación de los dioses que en ellos se adoraban. Así, los panteones de Commagene o Emesa, por ejemplo, de raíz semítica y someramente helenizados, fueron absorbidos por la permeable religión romana.

Por último, se debe llamar la atención sobre la interesante reflexión que hace Butcher sobre la tentación que se puede sentir de ver una tendencia generalizada hacia el monoteísmo en la región13Butcher, 2003, p. 344.. Como se ha visto, los dioses se integraban en panteones, en los que puede que uno de ellos tuviera la preeminencia sobre el resto, pero en ningún caso se trataba de un culto ni exclusivo ni excluyente. Es cierto que muchos de estos dioses tuvieron epítetos que destacaban su carácter excepcional: se calificaba a estos dioses como “invencibles” o como “el más alto”, por ejemplo14Sartre, 1991, 337.. No significan estas designaciones un carácter exclusivo, más bien lo contrario, pues señalan la primacía de estas deidades sobre otras, por tanto, hablaremos de un henoteísmo canónico15Freeman, 2004, p. 527. y en ningún caso de monoteísmo, ni tan siquiera monolatría.

Como se  ha podido comprobar en este breve recorrido, el mundo religioso de Siria era extraordinariamente rico y complejo. Como ocurriría en otras tantas ocasiones, tras la incorporación de nuevos territorios al Imperio, los cultos y las creencias de estos —al igual que otros elementos pertenecientes a la esfera ideológica— se integraron en la religión romana de un modo más o menos efectivo, dirigido o consciente16Bayet hablaba de la progresividad teológica de la religión romana, característica a la que sospecho haré referencia más de una vez en VER SACRVM.. Los dioses sirios llegaron en distintos momentos a tener una relevancia enorme y su influencia fue grande, sobre todo a partir de los Antoninos, alcanzando su apogeo en el siglo III. Su grado de expansión y relevancia fueron uno de los múltiples síntomas de la creciente influencia de las provincias del este sobre las del oeste.

Como se puede comprobar, las religiones de Siria enriquecieron considerablemente el panteón romano y en diversas oleadas fueron incorporando elementos de renovación. Durante los primeros siglos de nuestra era, observamos como la formalista y anquilosada “religión clásica romana” —valga esta simplificación terminológica— fue revitalizada por las tradiciones, los ritos y las concepciones que provenían ex Oriente.

Astarte Syriaca by Rosetti, D. G. (1877). Manchester Gallery Art

Bibliografía

Butcher, K. (2003). Roman Syria and the Near East. Londres, Reino Unido: The British Museum Press.

Cauvin, J. (2000). The Birth of the Gods and the Origins of Agriculture. (Trad, Watkins, T.) Cambridge, Reino Unido: Cambridge University Press.

Cumont, F. (1911). Oriental Religions in Roman Paganism. Chicago, Estados Unidos: The Open Court Publishing Company.

Freeman, C. (2014). Egypt, Greece and Rome: Civilizations of the Ancient Mediterranean, Oxford, Reino Unido: Oxford University Press.

Sánchez Sánchez, J. I. (2017). La introducción del culto de El Gabal en Roma. Madrid-Salmanca. España: Signifer.

Sartre, M. (1991). Le Haute-Empire roman. Les provinces de Mediterranée orientale d´Auguste aux Sévères. París. Francia: Editions du Seuil.

Seyrig, H. (1970). Les dieux armés et les Arabes en Syrie, Syria, 47 (3/4), 77-112.

Imágenes

Palmyrene Deities, by World Imagining. Fuente.

Ebla. Unacredited. Fuente.

Seleucid Empire 200-64 BC, by Kaidor. Fuente.

Coin of Atargatis, by Classical Numismatic Group. Fuente.

Petra First Glimpse, by David Bjorgen. Fuente.

Palmyra Panorama Zoom, by Zeledi. Fuente.

Bronze Uranius Antoninus_Elagabal stone, by Classical Numismatic Group. Fuente.

Marriage of Inanna and Dumuzi. Unacredited. Fuente.

Astarte Syriaca, by Dante Gabriel Rosetti. Fuente.

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